Padrinos – Ahijados!.

Es indescriptible el sentimiento que ocasiona cuando nuestros ahijados no le dan importancia a nuestro Ángel de La Guarda, sabiendo perfectamente que es de donde nacieron sus orishas.

No me da pena confesarlo, por que es una realidad,por lo menos en mí. La tristeza que se siente de saber que un ahijado (a),no visita al Ángel de La Guarda de su padrino o madrina, o que lo deja en la lista que se titula:»si no tengo más nada que hacer»:1= iré a visitar al Ángel de La Guarda de mi madrina o padrino, lo hace a uno irse endureciendo, lo hace a uno entender que debemos tener menos empatía con los ahijados,por que no es bueno exponerse a su falta de consideración y respeto,por no decir afecto.

Es lamentable que quienes ponemos alma y corazón pasemos por ésta realidad.

Entiendo que esta religión al principio, se practicaba por cabildos, que una de sus características era que todos vivían cerca de su mayor, y obligadamente iban todos los días a casa de su mayor y saludaban a su ángel de la guarda, sin embargo, al irse expandiendo, esa particularidad se fue perdiendo, pero si el ahijado vive en la misma ciudad, o puede presentarse aunque sea una vez al mes por que vive en otra ciudad, no hay excusa para no hacerlo.

Obviamente a la madrina o padrino esto le genera tristeza y en mi caso,me hace preguntarme, en qué fallé?!.

Qué hice mal?!. Por qué si mi Yemayá actuó para salvar a iyabó, no merece siquiera un saludo?.

Ovbio que, lo digo de nuevo, en mi caso, me consuelo pensando que estoy clara que hice todo lo que tenía que hacer, y no nace de algo que yo hice la falta de mi ahijado (a), sino, en que ni modo, así es este mundo, sólo cuando mi ahijado(a) crezca en la Osha , y se dé cuenta de él sacrificio que hacemos, y lo que duele el desprecio a su Ángel de La Guarda, quizás entienda lo que en este caso yo, siento ahora.

Ah, y no se vale que me digan»yo en mi mente siempre le converso a su Ángel de La Guarda», por que si fuese así, tocarían la puerta en su mente,se harían todo el ceremonial en su mente, y pues, tendrían el santo echo en la mente y así no fué!

Pienso que nunca podré sanar esta tristeza que me afecta, y sólo Yemayá sabe que es lo que pasa. Los ahijados viven en el corazón de sus mayores, o al menos así es para mi. Todo lo que hagan o no hagan,afecta de manera determinante en los cambios que los mayores vamos incorporando en nuestra práctica religiosa.

La bendición de Yemayá alcance a todos mis ahijados,estén o no estén conmigo,vengan o no vengan a visitarla!

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